Estamos en una época en donde los juegos de azar como la lotería, raspa y gana, bingo o juegos de casino como el tragamonedas, se encuentran en gran auge. Y ahora sobre todo con la llega de las nuevas tecnologías la cual facilitan el acceso a todo tipo de contenido, pero este a su vez ha de estar moderado y controlado, pues el abuso de cualquier tipo de servicio o producto no será bueno.

Este no esta patrocinado ni posee enlaces de nadie, solo es para concienciar que los juegos online son tan adictivos como los clásicos de casinos, por ello no dejéis que accedan menores de edad y jugad con responsabilidad.

Para la mayoría de personas el juego no es más que una actividad de entretenimiento y diversión. Sin embargo, para una minoría de personas este tipo de entretenimiento se convierte en un síntoma de adicción grave.

Numerosos estudios científicos a cargo de profesionales en la salud mental abarcan este alarmante problema clasificándolo como una adicción conductual. En esta circunstancia, el jugador pierde el control de sí mismo y la libertad entre decidir si continuar jugando o no. Lo cual lo coloca junto a los trastornos de adicción como lo es el abuso de sustancias.

La ciencia encargada de estudiar el sistema nervioso, neurociencia, es la que se encargó de realizar y demostrar este estado. Demostrando que, los adictos a los juegos y los adictos a las drogas, tienen mucho en común. Estas similitudes pueden ir desde el cambio brusco del comportamiento hasta la actividad cerebral.

Una adicción conductual

Este tipo de trastorno se caracteriza por la inevitable e incontrolable necesidad de jugar sin tener en cuenta las consecuencias a nivel personal. Una persona que se vea afectada por este problema puede salir perjudicado diversos aspectos de su vida:

  • La situación financiera.

  • La salud física y mental del individuo.

  • Las relaciones interpersonales.

El trastorno de juego problemático fue diagnosticado y clasificado por vez primera en los años 1980. Se incluyó en la tercera edición de la guía para trastornos psiquiátricos de la Asociación Americana de Psiquiatría “Manual de diagnóstico y estadística”. Dicha afección fue denominada como “Juego patológico” y clasificada como un trastorno de control de los impulsos. Clasificación que se encuentra al lado de trastornos como la piromanía y cleptomanía.

Décadas después, en el 2013 se le cambió la denominación de “Juego patológico” a “Trastorno del juego”. Asimismo, también se mudó de categoría, encontrándose en la categoría de trastornos relacionados con sustancias adictivas. Esto debido a las similitudes entre ambas adicciones.

Las personas recurrentes a este tipo de juegos tienden a realizar apuestas cada vez más grandes y de mayor riesgo. Y una vez cruzada la línea entre el entretenimiento y adicción, es imposible detenerse por voluntad propia, afirman los expertos. ¿Cómo es posible? Al intentarlo son atacados por una serie de síntomas como insomnio, irritabilidad, desesperación, abstinencia o malestar.

Nancy Petry, quien estudia trastornos adictivos en la Universidad de Connecticut, afirma que el juego problemático se contagia con facilidad de otras adicciones. Es decir, si una persona es adicta al alcohol o las drogas, es mucho más probable que padezca este trastorno.

De esta forma funciona el cerebro al jugar

Durante la investigación que relaciona este trastorno junto a otras adicciones respaldan sus afirmaciones con pruebas neuroquímicas e imágenes cerebrales. Las cuales en conjunto han revelado que tanto el trastorno del juego como la adicción a drogas actúan de manera similar en el cerebro.

Para estudiar esta afección los científicos pusieron a personas a ver videos de juegos mientras escanean su cerebro. Pudiéndose ver los cambios de flujo sanguíneo en diversas áreas específicas del cerebro, indicando cuales son más activas. Se aplicó el mismo método para escanear el cerebro de un adicto a las drogas. Y en ambos casos se demostró la disminución de la actividad en el estriado ventral.

Además del ventral, otra región del cerebro que se ve afectada en los trastornos del juego es la corteza prefrontal. La misma que tiene participación en el control del impulso, la toma de decisiones y el control cognitivo. Esta implicación es evidenciada tanto en adictos al juego como a las drogas, quienes presentan menor actividad en dicha zona.

Otros estudios han demostrado científicamente que las personas que padecen el trastorno del juego son mucho más impulsivas. Esto es consecuencia de la dificultad de mantener controlado los impulsos debido a la baja actividad de la corteza prefrontal.

Muchas incógnitas

A pesar de todos estos estudios científicos realizados a fin de demostrar el cambio del cerebro al jugar, no es 100% certero.

Si se analiza el cerebro de una persona que ha dedicado años y años de su vida al juego, las diferencias son notables, pero no se conoce la causa. Esto se debe a que cada persona tiene una estructura y función cerebral diferente que termina conduciendo al trastorno del juego.

Expertos afirman que, para demostrar la causa o el efecto, se necesita estudiar a jugadores durante todo el proceso que lo lleva a la adicción. Durante ese tiempo se necesitan estudios longitudinales sobre el cambio que sufre el cerebro a través del proceso de adicción. Es decir, es necesario estudiar a estas personas desde el inicio del problema hasta el final.

Para tener hechos concretos es de gran importancia estudiar a aquellas personas que juegan por entretenimiento y que no tengan problemas en dejarlo. De esta manera se es posible darle seguimiento a medida que su adicción sea de alto riesgo.

Este tipo de investigación tiene como finalidad identificar prematuramente a quienes tienen riesgo de desarrollar una adicción. Ya sea el trastorno del juego o la adicción a drogas, este estudio puede ser fundamental para prevenir esta afección.

Conclusiones

Después del exhaustivo análisis al cerebro todo apunta a que tanto el trastorno del juego como la adicción a las sustancias comparten características. Es decir, ambas adicciones presentan similitudes en el comportamiento y en la función cerebral. De modo que, lo que antes se consideraba la dependencia de un químico (o juego), es en realidad la reiterada búsqueda de una experiencia placentera.

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